Genessis comparte con los que generosamente se asoman a este sencillo portal los momentos de ocio que la vida le regala. Es una miscelánea de cosas simples; pensamientos y poemas, fantasías y pasiones, recuerdos y plegarias, vivencias e impresiones, que se plasma en el reverso de una página compartida con los lectores.
Genessis y sus avatares semejan escenarios de un alegórico estreno de un destino que va usurpando la vida en un tiempo prestado.


Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de julio de 2014

Ensueños (3)

   

     Sus deseos femeninos se vieron colmados por el atento hombre. Su fantasía fue correspondida sin grandes explicaciones ni razonamientos. Se sintió halagada, y por fin, podía soñar en voz alta. Sentirse enamorada y ser correspondida era lo mejor que podía pasarle. Tony es una persona dulce, gentil y comprensiva.
     Él utilizó su arma de buen seductor y sin esfuerzo logró que ella sintiera atracción por él. La fascinación se creó espontáneamente, casi inconsciente. Él muy hábil supo provocar que suceda, todo lo que hizo fue favorecer el proceso. Así, Emma, poco a poco fue regalando su alma y tomando la vida de aquel hombre empezó a vivir una aventura inusitada.
El amor que sentía por Donald se iba extinguiendo cada día cuando empezaba su labor cotidiana en la oficina. Emma sobrelleva la agonía de su matrimonio con Donald, èl simplemente resultó ser el mejor trofeo en su vida.
     Es difícil encontrar a alguien a quien darle el corazón en secreto. Emma sabía que la mayoría no entendería nunca su forma de amar y que la realidad fuera de ella es bien diferente, pero prefiere habitar esa burbuja y no salir nunca de esa tibia atmósfera que le daba la etérea relación que mantenía con Tony, a veces, hasta la llenaba de un confort místico.
     Emma estaba potencialmente nueva para ser seducida por Tony, y los dos estaban compenetrados de seguir el partido iniciado. Ella no era una mujer tan fácil, pero Tony acertó la arista vulnerable; despertó en ella la fantasía, el erotismo y la pasión por el sexo. Sin embargo, Emma encontró en él razones más profundas, se sintió atraída y en él alimentó sus ilusiones. Lo que encendió su interés por él es su fuerte personalidad y especialmente aquellas cualidades típicamente masculinas; como el poder, la fuerza, la seguridad, la decisión, una dosis de inteligencia interesante, el sentido de la aventura y del buen humor y el carisma de liderar una relación.
     La única foto que conocía de Tony es la de su perfil;  no es tan alto de estatura, distinguido en su porte físico, de rostro afable, sus cabellos levemente encrespados y claros deja una frente despejada y amplia y sus ojos verdosos traslucen una serena expresión en la mirada.
     Emma dejó ordenada la oficina, mañana será otra larga jornada de trabajo. Se arregló delicadamente el cabello y el rostro y apresuró sus pasos hacia el garage. Hoy será la primera cita y le embarga un frenesí insospechado.
     Al poner en marcha el coche una fuerza invisible la detuvo y comprendió que no tenía destino. Aquella cautivadora historia de amor con Tony quedó extinguida cuando presionó el botón Esc de su notebook.



martes, 30 de abril de 2013

Experiencia


 
Tenía catorce años cuando creí que había comprendido todos los misterios de la vida adulta. Un día menos pensado cuando jugaba aún entre ser niña y mujer, un espécimen muy macho declarándome su amor me dijo secretamente: ¿acaso un hombre casado no puede enamorarse de nuevo? Si me das tu amor iremos lejos y seremos muy felices. La prueba de amor lo guardarás como un secreto entre tú y yo; mañana a las nueve nos encontramos en la estación del tren que va a Buenos Aires.

Creía estar enamorada y mi cuerpo me urgía dejar las cosas de niña; la inocencia, la virginidad y los primeros ardores de la pasión eran perfectamente compatibles para mí. No había consejero más sabio que escuchar el palpitar del corazón que te llena de ilusiones el alma. Quise crecer a mi manera y guardando íntimamente mi secreto pasé una de las peores noches de mi vida. A la mañana cuando me desperté, reuní fuerzas y puse un par de ropas en la mochila y salí corriendo hacia la Estación.

Cuando cerré el portón de mi casa miré sigilosamente a ambos lados y el chusma de mi vecino Don Felipe, me dice: ¿a dónde vas nena con esa cara de ovejita espantada?  El miedo que teñía de palidez cada centímetro de mi piel me hizo delatar.  “Voy a Buenos Aires”, le dije con una voz temblorosa.

Estaba sentada en el tren y ensimismada miraba mi pequeño reloj sintiendo la agonía del desconcierto. La espera se hizo tediosa y sólo deseaba que la mano poderosa de Dios me detuviera. Cerré mis ojos y abracé fuerte mi mochila como el único bagaje de mi destino hacia el abismo. El silbido del tren me sobresaltó, alcé los ojos y me vi acorralada como una oveja ante sus esquiladores; mi madre, mi padre y un policía colocando las esposas a Donald.
 
 

sábado, 9 de marzo de 2013

Una cita casi perfecta


–   ¿A dónde vas?
–   Tengo una cita.
–   ¿Con quién?
–   Con Massimo.
–   ¿Y quién es Massimo?
–   Un chico.
–   ¿Qué edad tiene?
–   23 años.
–   ¿Una entrevista de trabajo?
–   No, una cita para conocernos.
–   Con un chico de 23!!!
–   ¿Qué hay de malo?
–   ¿Y de qué hablarán?
–   De lo que sea, supongo que es un chico listo.
–   Y supongo beberán algo…
–   Lo que sea, una copa, un café…
–   ¿Cómo se citaron?
–   Por Facebook, dónde más?
–   Qué más sabe de ti; le dijiste tu edad, que estás casada…
–   Claro, conmigo no hay secretos, y tú lo sabes.
–   ¿Lo viste por la webcam?
–   No.
–   ¿Y él a ti?
–   No, sólo le gusta mi voz.
–   ¿Hablaron por teléfono?
–   No, por el mic.
–   Qué te ha dicho.
–   Que tengo una voz encantadora, fascinante y sensual…
–   Vaya, vaya, muy despierto el crío!!
–   ¿Estás celoso? Si quieres seguirme…Vía Vitelleschi 34, Ristorante  “Les Etoiles”.
–   Noo, yo también tengo una cita.
–   ¿Con quién?
–   Alessandra.
–   ¿Y no ibas a decirme nada?
–   Tú tampoco… Ahh, Amor, el coche ya lo tienes fuera del garaje.
–   Gracias, qué gentil estás!
–   Que te vaya bien.
–   A ti también.
–   Gracias.

Legué al restaurante con mi mejor atuendo juvenil, quería impresionar a Massimo, elegí una mesa bien visible y me puse cómoda. Saqué mi móvil y repasé las charlas que había tenido con él. Me dijo que sería puntual… Me reconocerá, sin dudas, estoy sola, pensé…

Cuando empezaba a incomodarme pensando quién es esa Alessandra, apareció Donald y poniéndome las llaves del coche en la mano me dijo: ten más cuidado, no pierdas tan pronto la cabeza…

Hizo ademán de retirarse enseguida y lo detuve.
–   Quédate conmigo.
–   No quiero entorpecer tu momento.
–   No estás con Alessandra ni yo con Massimo… Es nuestro momento.

Pedimos un café y disfrutamos el tiempo improvisado…Al poco rato llegó un camarero con un bouquet de rosas rojas y una tarjeta: “Para la mujer de mi vida, la de la voz más encantadora, fascinante y sensual que me ha regalado la vida”. La sorpresa no me dejó reaccionar ni disfrutar, sólo atiné a pensar: “pobre chico, qué frustración, me habrá visto con este cretino…”

Al dirigirnos a la salida, Donald tomó otra puerta. Se me acercó un apuesto joven con un ramo de flores y me dijo: “Señora…, la esperé una hora, no la vi entrar…”
 
 

martes, 19 de febrero de 2013

Donald y su gato


Él venía ocultándome cosas. Sospeché que hablaba solo o pensaba en voz alta, pero al descubrirlo me sentí avergonzada espiándole sin razones. Le escuché hablarle sigilosamente al gato, un curl americano.
Me entusiasmó ver los mimos que le prodigaba y el monólogo que entretejía escudriñando sus miradas fijas y deslumbrantes. Me apañé detrás del cortinado y me imaginé una secuencia de dibujos animados entre él y el pobre felino escurridizo.
Él con su realismo sarcástico apabullándole con tantas preguntas y el cantarín zalamero ideando, con lenguaje humano, su consabido historial doméstico, solitario y casto.
 
 

viernes, 27 de julio de 2012

Analuz y el Doctor

Su madre la sobreprotegía mucho, sabía muy bien que había nacido con serios problemas congénitos. Se siente culpable porque en el tiempo de la concepción de su única hija tomaba una serie de pastillas abortivas. Su esposo no quería descendencia con ella; así mitigada su desgracia, y los malos tratos que recibía de él ya presagiaban una inminente separación.
Analuz  nunca dejó de ser una niña, nació con un retraso mental, al parecer leve, que le provocaba problemas adaptativos. Asistió a escuelas especiales,  pero no tenía la constancia para alcanzar un nivel más óptimo, sin embargo, sobresalió en la pintura. Era una artista con los pinceles en las manos, talento que la hizo encumbrar por encima de muchos.
Ana, menudita de cuerpo, cabellos dorados y ojos risueños, introvertida y dulce de carácter, jugaba como una niña y poco tiempo le duraba la sensatez de ser ella misma. Quería ser mujer pero su déficit hormonal no le permitía. No tenía ovarios y su útero era apenas un esbozo de una mucosa atrofiada. A los dieciséis años sus pechos no daban indicio de florecimiento, pero ella se ingenió muy bien para parecer que lo tenía. Cada mes, puntualmente, se “sentía enferma”, no iba a la escuela para que todos se enteraran que ella es una chica con ciclos normales.
Josefina, su madre, quería evitar cualquier riesgo que la hiciera sentir mal. Buscó la forma de ayudarla, más bien urgida por sacarse de encima ese sentimiento de culpa que la oprimía. Recurrió a profesionales que le hicieron sesiones de ayuda en su desarrollo psicomotriz que poco o nada cambió, hasta que el doctor Zardelli, un psiquiatra, pareciera que obró con ella un milagro.
El doctor Zardelli, un joven profesional competente y respetado en el ambiente, graduado en la universidad de Oxford. Una complexión atlética generosa le daba una buena presencia, su sencillez, su amplia sonrisa permanente y su cordialidad hicieron de él una persona muy querida. La buena posición económica familiar le permitió cobrar honorarios bajos y así alcanzó fama antes que otros colegas.
Cada semana Josefina dejaba a Ana en la puerta del consultorio. Ana era una paciente muy especial; desde el primer momento cautivó al Doctor con su dulzura y su sonrisa inocente. La llevó a la terapia de la palabra; de contar lo que veía, lo que hacía, lo que le gustaba, lo que rechazaba, lo que pensaba, lo que sentía, lo que deseaba... Era el tiempo donde afloraba todo el inconsciente y le permitió manifestarse con total libertad y, por lo tanto, paulatinamente, aparecían los sentimientos y los deseos más íntimos. Era también el tiempo de expresar las figuras de la sexualidad; sus características, sus posibilidades, sus límites, sus finalidades y sus goces. Esos discursos se desplegaban de los más simples a los más complejos.
Era una técnica y un incentivo que la ayudaba a producir y a reflotar sus posibilidades desde la singularidad de su carga genética como persona. Fueron sesiones muy bien elaboradas que condujeron a Ana a lograr un mínimo acuerdo interno, constante, y así pudo pensar, sentir, decidir y obrar por sí misma. Los logros obtenidos dejaba suficientemente satisfecho al doctor Zardelli.
Las sesiones le transportaba a Ana en el mundo real en la que ella está ausente; en ese mundo “irreal” era ella sin ese cuerpo y sin esa mente que la limita y que no la deja pensar y soñar como una joven cualquiera.
El Doctor iba creando en ella las expresiones de la sensualidad acorde a su edad cronológica, fue naciendo y creciendo su sexualidad acompañada de un atisbo de erotismo sano. Por primera vez sintió que su cuerpo vibraba de una forma diferente y podía sentir cariño hacia alguien que no fuera su madre. El Doctor la orientó a abrirse, a palpar y a gustar de sus emociones, de sus sentimientos, de su instinto y del amor; ella comprendió que podía amar a un chico de su edad pero no quiso.
El doctor Zardelli llevó tres años con ella una terapia impecable, pero llegó un momento en que cayó en las redes de Cupido y se dejó atrapar por los encantos de Ana que se estaba despertando a los primeros ardores de la pubertad y la libido que empezaba a florecer en sus entrañas.
Ana se hizo dependiente de las palabras del doctor. Era su todo. Con él tenía la sensación de estar flotando sobre un apacible campo de flores.  Sintió hacia él un cariño que anuló totalmente cualquier otra manifestación de afecto. Cada vez que pensaba en él un fuerte espasmo sentía en el vientre y se cruzaba las piernas apretando su sexo. Era el grito de su cuerpo que se despertaba ante la pulsión del instinto que fue descubriendo e interpretando de a poco con las palabras reveladoras del médico en las repetidas sesiones.
Un día al despedirse, Ana le estampó un beso en la mejilla, cosa que jamás había hecho con nadie. El doctor  Zardelli vio que Ana dio un salto, - de niña a mujer-, la tomó de su brazo y la atrajo a sí, sin resistencia, la miró de cerca y bebió de sus ojos crispados y cautivantes licores de deseos; acercó suavemente sus labios a los de ella y ahí quedaron unos segundos que parecían eternos. Ella se convirtió en una libélula y a partir de entonces no tuvo otro pensamiento ni otro querer que no sea él. Se había enamorado de su doctor.
Ana acaba de cumplir 19 años y la única persona con quien podía estar hablando todo el día es Santiago, “su Doctor”. Había hecho de su vida una simbiosis perfecta y excluyente, sin él no era nadie, apenas una niña de once años, con él era una chica enamorada.
Cada sesión, quizás la más curativa y más bella era el final cuando se daban efusivos  besos en la boca. Una tarde ella sabía que será diferente, estaba preparada, ella lo propuso, lo habían acordado, ella quería, quería sentirse mujer…. Amó y fue feliz.
Cuando cerró la puerta del consultorio y se dirigió a la calle una amplia sonrisa floreció en sus labios; allí adentro dejó su alma de niña y su cuerpo virgen entre los archivos secretos del Doctor.


ABBA fue un grupo sueco de música pop que ganó popularidad internacional con melodías pegadizas, letras simples y voces femeninas cautivantes en las décadas del 70 y 80. A mí me sigue gustando…

Chiquitita dime por qué tu dolor hoy te encadena
en tus ojos hay una sombra de gran pena,
no quisiera verte así aunque quieras disimularlo…


martes, 24 de julio de 2012

El portero de fútbol


Mario, Luis, Héctor y José, de nueve, diez, once y doce años respectivamente fueron a jugar a la pelota con Ismael en el patio del frente. Improvisaron una cancha justo donde el pasto con la lluvia del verano hacía una bella alfombra verde. Crearon un equipo de dos y dos y el portero, Ismael de apenas seis años, que tenía que correr y lanzarse a ambos extremos tratando de alcanzar el balón que los otros arremetían contra su arco con toda furia.

Sudorosos y cansados hicieron un breve receso y se sentaron en el césped, mientras Ismael fue a buscar agua fresca en la casa.  En ese ínterin Luis vio que algo se movía en zig zag por debajo muy cerca de ellos; miraron sigilosamente y vieron que una culebra o algo parecido, negro y diminuto, iba cruzando la cancha. Al unísono decidieron que era el momento de ejecutar una hazaña nunca hecho antes para contárselos después a sus padres. Se armaron de piedras y palos y golpearon al intruso visitante. Lo dejaron “muerto” y lo escondieron. Los cuatro combinaron hacer una broma a Ismael, dejando la pelota muy cerca del animal. No imaginaron que el pequeño reptil estaba sólo mal herido y aún dispuesto a inyectar su mortífero veneno.

Ismael sintió que pisó algo blanduzco y un pinchazo en el pie. El pobre niño saltó cuando vio que algo negro se metía entre sus dedos y con el susto perdió apoyo y cayó sobre la serpiente moribunda que le dio otro ataque certero.

El niño envuelto en pánico, llorando echó a correr desesperadamente hacia la casa donde estaba su madre. Angélica, sobresaltada por el grito de su hijo salió y lo recibió en sus brazos pensando que el balón de cuero le había golpeado la cabeza, razón por la que no quería que saliera a jugar con los niños más grandes que él. Lo llenó de besos, lo sentó en un sillón y le dijo: -hoy ya no saldrás a jugar con ellos.

Ismael temblaba de espanto, veía aún bajo sus pies  aquella pequeña bestia enroscada. No podía pronunciar palabra alguna, estaba aterrorizado. Echaba una mirada a sus pies descalzos buscando deshacerse de aquel pinchazo. Un dolor agudo nacía de los dedos del pie izquierdo, dolor que comenzó a invadir todo el pie.

Angélica, una madre joven e inexperta en criar niños, no sabía qué hacer…corrió a la casa del vecino contando su pena. Don Gabriel más listo en crianzas decidió; puso en marcha la vieja camioneta Nissan y se dirigieron velozmente por aquel camino de terraplén unos 30 kilómetros  hasta llegar al hospital. El camino de tierra para salir de la granja se hizo más largo que nunca.  Angélica miraba a su hijo inocente y tembloroso y empezó a odiar el juego de la pelota y a los hijos de sus vecinos.

Ismael sentía que el dolor aumentaba en el pie, una sensación de entumecimiento le invadió, y movía la pierna ya con dificultad; una extraña  sed le devoraba y un fuego le quemaba la garganta. Durante un instante contempló a su madre y sólo alcanzó a decirle: - no veo nada mamá, no veo nada….. Quedó extenuado y lívido.

En el hospital los médicos, al examinarlo,  vieron dos puntitos violeta  que casi explotaba por la monstruosa hinchazón del pie. La piel iba tomando un color morado y parecía adelgazarse de lo tensa que estaba. El diagnostico del médico fue escueto: - el niño ha tenido una mordedura de víbora, haremos todo lo posible…
Angélica con voz quebrada y llorosa suplicaba: -tienen que salvar a mi niño, tienen que salvarlo!

Las medicaciones no pudieron contrarrestar la invasión acelerada del veneno en el cuerpo del pequeño que ya empezó a marcar unas manchas moradas que subía de las piernas al vientre y el pecho. Los dolores espasmódicos se sucedían y la atroz sequedad de la garganta parecía aumentar. La fuerza del vómito le producía más dolor en el cuerpecito y aún así pretendía incorporarse asiéndose de la mano de su madre.  Ella le miraba exhausta sin poder creer lo que acontecía.

La respiración se convirtió en un estertor cada vez más angustiante! En menos de tres horas Ismael cesó de respirar.

El sol ya se había ocultado afuera, los cuatro niños muy callados se fueron a sus respectivas casas. Antes habían sepultado muy bien el cuerpo del delito y se aseguraron de dejarlo bien muerto. Nunca dijeron nada; era un secreto y toda la vida evitaron jugar al fútbol en aquel patio baldío.

Pasaron 20 años de aquel triste episodio y sólo ellos sabían que aquella broma de mal gusto acabó con la vida de un prometedor portero de fútbol.

martes, 10 de julio de 2012

El secreto de una dama



Cada tarde se subía en el mismo colectivo a las cinco puntualmente. A veces faltaban pasajeros, pero nosotras estábamos firmes ocupando dos asientos diferentes. La Línea 38 era el sitio de una cita diaria y perfecta para el anonimato. Ni la lluvia, ni el frío ni el calor de casi todo el año nos impedía tomar el mismo bus. Yo descendía frente al Hotel Guaraní para proseguir hasta la Universidad Católica y ella seguía no sé hasta dónde.

Fueron años en que nos veíamos la cara diariamente; ella no sabía nada de mí ni yo de ella. Apenas cruzábamos algunas miradas y saludos de cortesía. Podríamos haber cultivado una amistad, pero nos faltó coraje para romper la barra de hielo que nos distanciaba.

Cuando ella subía al ómnibus su rico perfume Chanel se expandía. Era una mujer especial, su porte traslucía una clase social cultivada, bien parecida y elegante, y no sobrepasaba los treinta años. Cada día su largo cabello rizado color azabache tenía distintos arreglos; a veces lo llevaba recogido con un enorme moño que combinaba con el color de su ropa o simplemente olía a shampoo de manzanas recién usado. Su piel fresca y tersa denotaba pulcritud. Sus ojos verdosos, cejas bien delineadas, labios carnosos que cambiaban de colores, resaltaban su rostro. Sus manos largas y finas remataban con unas uñas pintadas con colores vivos y brillantes. Vestía ropas ceñidas al cuerpo y a veces faldas muy cortas que hacían sobresalir sus largas piernas morenas y sus caderas angulosas. Carteras de charol de diversos colores y tamaños realzaban su atuendo diario y unos lentes de sol simulaban un adorno más en la cara.

Pagaba su boleto y luego se recluía en un asiento cualquiera. Su postura rígida hacía de ella una efigie de diosa helénica sentada estoicamente; nada la sacaba de su mutismo y nunca se dibujó en sus labios una leve sonrisa. Iba abstraída, inmutable y triste. Parecía cargar en sus hombros el peso del día o, tal vez, el peso de la noche que la esperaba. Sólo ella sabía el sinsabor o el placer de su secreto.

Mi sigilosa observación sobre ella era simple y drástica a la vez: no era feliz.

¿A dónde iba cada tarde?, me preguntaba y divagaba en mi ingenua especulación sobre la vida de esta extraña dama. Me inventaba cien preguntas tratando de encajarla en uno de esos oficios comunes;  ¿enfermera?, ¿oficinista?, ¿escribana?, ¿abogada?, ¿masajista?, ¿camarera de hotel?, ¿mesera en algún restaurante?, ¿ama de casa?, ¿estudiante?, ¿casada?, ¿madre soltera?... Tanta incógnita no tenía nada que ver con el trabajo que iba a cumplir cada noche a 40 kilómetros de su casa.

Una tarde cualquiera, caminando por una de las antiguas calles de Asunción, cuando el sol ya estaba ocultándose, pasé frente a una llamativa puerta, desde donde se reflejaba unas luces rojas; allí estaba la misteriosa mujer. Era ella, presumida y exuberante. Disimulé mi mirada y ella hizo lo mismo, esquivándome.

Ya no había nada que ocultar. Estaba esperando los clientes de la noche.


A ti, que tienes algo que decir y estás callada.
A ti, que te negaron el amor y estás cansada.
A ti, que empiezas a vivir. Y a ti, que no te queda nada.


jueves, 28 de junio de 2012

El palacio de las mil caras



Era una mañana distinta. La rutina quedó en la oficina. Dentro del imponente Palacio de Justicia, en un ascensor, el cuerpo apretujado por los cuatro costados, oliendo a cigarrillo y perfume CALVIN KLEIN llegué al quinto piso.

Se explayó ante mis ojos un amplio pasillo de color gris claro, un cielorraso no muy alto, estropeado en algunas aristas por manchas de humedad que semejaban fantasmas vigilando a los transeúntes desde el techo. El piso reluciente como una fuente de agua se pierde en ambos extremos bifurcándose.

La vida de la calle se extingue allí dentro y el paso del tiempo es un desasosiego. Me senté en una butaca frente a la Sala de Audiencias. El pasillo es un gran túnel rectangular, cuyos extremos parecen bocas abiertas que dejan fluir decenas de cuerpos que caminan en ambos sentidos; es un tragar y expulsar continuo de gente y en minutos las decenas se convierten en centenas.

La masa anónima va movida por la energía forzosa del vaivén de los cuerpos y los pasos acelerados.  

La “cita puntual” del Juez se hizo esperar. La demora se volvió tediosa. La impaciencia comenzó a instalarse en mi cuerpo inquieto. Me sentí un ser extraño mirado por los transeúntes. Para apaciguar mi impulso neurasténico me alié a mi instinto holgazán y me regodeé ociosamente de los minutos regalados. Entonces observé sigilosamente ese mar de gente que fluía ante mí; una procesión, de norte a sur y de sur a norte aparece y desaparece como las olas se diluyen en la playa. Veo el entrecruzar de piernas y el bamboleo de los brazos que denota, según la psicología, un cierto tipo de personalidad. Unos me miran de reojo al pasar, otros me sonríen y saludan, los demás, abstraídos y presurosos se pierden en el anonimato de la multitud. Algunos pasan una y otra vez, parecen desquiciados o confundidos en el laberinto de los pasillos internos del Palacio.

Ante mis ojos casi vencidos por el sueño, hombres y mujeres pasan como árboles que se desdibujan desde la ventanilla de un veloz tren; todos entre veinte y sesenta años. No existe ningún cartel prohibitivo, sin embargo, no es lugar de niños y ancianos. Algunas mujeres, de cuerpo estilizado y cabellos teñidos, caminan como si estuvieran en una pasarela; sobresalen con el toc toc de los tacos altos agrediendo los tímpanos. Otras, vestidas con la clásica chaqueta azul van cargando voluminosas carpetas de prontuarios, delatando así su oficio de secretaria. Los hombres llevan maletines negros, relojes de pulsera brillantes, anillos en el dedo anular, zapatos bien lustrados y teléfonos celulares. En el murmullo se percibe el lenguaje propio del empleo jurídico que suena parecido a la lectura de una enciclopedia.  

Es el lugar de los trajes elegantes en plena mañana de verano. Una gama de colores señoriales; grises, negros, marrones y azules combina con refinadas corbatas multicolores. El tamaño se ajusta al cuerpo; robusto, flaco, obeso, petiso o alto. Las mil caras parecen caricaturas en serie entre las generaciones de Cristóbal Colón y George Clooney. Algunos rostros redondos, ovalados o angulosos se ven adornados con una barba cerrada, ojos vivaces y espesas cejas negras. En otros sólo el cabello y la frente dejan ver que son morenos, rubios o blancos, porque los lentes de sol simulan un adorno en la cara. En la mayoría el semblante serio es el emblema común; parecen preocupados como si todos los casos ya estuvieran perdidos… 

Nadie sonríe ni se detiene. El tiempo apremia. El pasillo es tránsito. La vida sigue en otra esfera, en otro piso; en alguna sala frente a los jueces, abogados y fiscales. Allí los casos se pierden, se ganan o se compran. La consigna es la paciencia y la esperanza en la justicia de los hombres.

Al cabo de dos horas se abre una puerta. Un señor de traje elegante me pasa la mano cortésmente y empieza la sesión caratulada “Expediente GMMO y CVSF”.

jueves, 21 de junio de 2012

Perfil masculino

dibujo de Emil Gumiel

Un cittadino nato. Él no se cataloga bajo ningún signo zodiacal porque cree que el espíritu de los dioses le regaló una personalidad ecléctica, sin embargo, se inclina bastante a ser un acuariano independiente e intelectual. Se mueve fácilmente entre un genio fuerte y atractivo y conjuga muy bien la sensibilidad, la paciencia, la frivolidad y el buen humor. 

A veces es algo tímido, distraído y detallista, pero siempre muy honesto y sincero. Su porte filantrópico imprime en él la facilidad para trabajar en cualquier campo técnico. Sabe luchar por las causas buenas, sueña y planifica un futuro feliz para los demás, aprende del pasado y a toda costa busca hacer algo constructivo. Su pasión por el saber munido de la imaginación y la lógica le llevan a ser un excelente líder. Últimamente se dedica a realizar actividades culturales y sociales como talleres de escritura para amateur.

Le gustan las expresiones artísticas en particular, la música y el cine, amén de la literatura. Se define como un hijo afortunado de la globalización y un consumidor empedernido de la vorágine que crea la sociedad actual; libre, light e impredecible. Salió voluntariamente de la razón y descubrió una rara sensibilidad volcada en escribir. 

imagen de la red
De joven vivió con la familia de su madre entre Buenos Aires, Montevideo y Sao Paulo. A cambio del servicio militar obligatorio optó por un trabajo social alternativo en la República de Zambia, con los Misioneros Oblatos de María. Luego de esa experiencia que le hizo crecer a saltos trabajó como camarero a bordo de un barco que hacía cruceros en el Mediterráneo. Cansado de esa servidumbre de lujo regresó a su ciudad de adopción y se graduó en la Universidad Nacional de Buenos Aires y un postgrado en Oxford. Consiguió trabajo de alto rango y fijó moradas temporales en New York, París, Londres, Mónaco, Bruselas, Roma, Estambul y El Cairo. Se convirtió en un cosmopolita inexorable, buscado y admirado en las esferas nocturnas de la jet-set y se siente muy a gusto y en casa hablando el español, portugués, francés, italiano e inglés.

Además de la literatura, uno de sus hobbies preferidos es preparar comida italiana, como hacía su abuela. Su vocación de chef lo tiene arrinconado al igual que sus varios diplomas que lo acredita como hombre de Leyes jurídicas.

Nunca amanece de mal humor. Es simpático y original en su proceder. Sabe reírse de sí mismo y la vida no le aprieta por ningún lado. Se siente cómodo y feliz en su lujosa casa de soltero envidiable. Cada mañana se mira al espejo y se dice jocosamente: ¡qué desperdicio de hombre!

imagen de la red
Lee el diario que sale a recoger cada mañana del buzón de su casa y toma café con leche recién preparado. Le gusta estar vestido elegantemente. Si tiene que salir, se prepara una hoja de ruta detallada. Ya en la calle comprueba que la hoja olvidó en casa, al igual que los lentes de sol, el registro de conductor y el celular. Todo quedó en el pantalón que se había cambiado. Por la tarde va al Club y juega al tenis con su amigo, un senador de la Nación.

Le gusta ir a ver boxeo, carreras de autos, torneos de tenis, fútbol y desfiles de modas femeninas. Pero lo que más frecuenta son los cines y un Café literario, donde lee y escribe.

No tiene mujer ni hijos, solo un range lover sport azul y una mascota, de la familia Border collie, sus dos amores privilegiados.

De estatura un metro con 82 centímetros, delgado, cabello gris, ojos verdes, usa lentes y barba tipo candado. No cree saber mucho de sus cualidades, pero está dispuesto a descubrirlas con alguien que le cope la idea y le atrape el corazón por asalto.

Busca una relación de amistad para compartir y crecer. Quiere descubrir a otras personas, más o menos de su misma edad, para reflejarse en ellas y conocerse mejor, aunque prefiere la diversidad para valorar lo que cada uno tiene.

foto tomada de la red

Hoy está decidido que merece la pena amar a alguien para siempre, se convertirá en amigo o amante o marido dispuesto a sacrificar todo.

Busca una mujer que esté preparada a desterrar el gen machista para que los hombres mejoren su cultura y su relacionamiento con ellas.

Jura que será fiel por el resto de su vida y no dará cabida a la desilusión emocional porque no exigirá más que la proporcionalidad y cerrará para siempre las puertas de los posibles arrebatos de furia.

Amará a la dama de sus sueños y la hará disfrutar y la admirará por lo que es y por sus logros personales.

Espera que alguien lo contacte.


Ese hombre soy yo, ese loco enamorado de tu amor, el que necesitas para dar el corazón.
Ese hombre soy yo, el hombre de tu vida, el que jamás se olvida...soy yo.
(canta Carlos Zagales)
         

 

viernes, 18 de mayo de 2012

La hija del Presidente VI, VII, VIII, IX, X

 
VI.
        Al cabo de dos meses Amalia sospechó algo y enseguida quedó confirmada. No se asustó. Sintió una gran ilusión ante la certeza de ser madre, aunque nunca lo había planeado. Como psicóloga, su mayor dilema era traer un hijo al mundo con un padre advenedizo. Decidió buscar a Alcides, pero nadie dio noticias de él.
       Entonces, resueltamente optó, y sin grandes explicaciones, dejó su vida citadina y fue a vivir en el mismo pueblo donde había nacido. Anita nació el 10 de abril. –Sus enormes ojos verdes eran de su madre; su boca, nariz y cabellos de su padre. Esos rasgos Amalia no podía esconderlos–.
       Amalia adoraba a su hija, pero, íntimamente había resuelto que Anita sabría quién es su padre el día que cumpla 18 años.
 
VII.
      Anita era una niña precoz, de carácter noble y entusiasta. Cuando cumplió cuatro años preguntó por su padre. Amalia buscó descifrar la mejor respuesta a su niña y ese tema nunca más fue motivo de curiosidad.
     Ana era una chiquilla dedicada enteramente al estudio, las letras y las artes eran su pasión; su talento innato la llevó a relucir en todo. Desde la adolescencia se involucró apasionadamente en presidir el Centro de estudiantes de su colegio. Su madre veía repetirse en ella las mismas ilusiones e ideales que había empapado su vida juvenil, décadas atrás.
 
 
VIII.
      Pasaron los años y Amalia leía con frecuencia noticias sobre Alcides. Sus pretensiones políticas iban acercándose a la cima. Por varios años fue Ministro de Educación. Pensaba, qué era más desalmado, ¿privar a su hija de la posibilidad de conocer a su padre, o él siendo un hombre con tanto poder y riqueza, no haberse interesado nunca de ella?. Las respuestas que ella misma se daba las guardaba dentro de sí y a veces no la dejaba ser feliz.
      Cuando Anita estaba cursando el último año de la secundaria, en las elecciones nacionales ganó el candidato del Partido Oficialista. Amalia minimizó diciendo: – “una flor más en el jardín del Sultán”. Le dolía inmensamente pero ya no era tiempo de volver atrás; su orgullo no le permitía.
      Ese mismo año, Ana, con una delegación de compañeros de colegio fue a visitar el Palacio de Gobierno y saludaron al Presidente de la República. Su madre guardó silencio y a su regreso solo atinó a preguntarle:
– ¿Qué impresión te dio el Presidente?
–  Cuando me tomó la mano sentí temblar mi cuerpo y me saltaron unas lágrimas, sin saber por qué.
– Fue la emoción, le dijo su madre.
     En ese momento Amalia quería gritar y liberarse de su secreto. La hería por dentro su dureza, porque era un secreto sin sentido que solo le carcomía el alma. –Sabía que Anita era una joven madura; podría comprender perfectamente el pasado de su madre, sin juzgarla, pero ella no estaba dispuesta a romper su promesa–.
 
 
IX.
      Una tarde, Ana, muy feliz, notificó a su madre que la fecha de graduación en el colegio se adelantará una semana. –Será justo el día de su cumpleaños, por que el Señor Presidente vendrá como Padrino de honor a petición del Delegado de Gobierno–. Amalia sorprendida buscó aclarar en su mente cuál sería el mejor comportamiento que debía tener en tal acto.
      Llegó el día y el pequeño pueblo vistió sus mejores galas. Por primera vez un presidente de la Republica llega a ese lugar para presidir un acto académico.
      Anita pasó a recibir su título de Bachiller acompañada de su madre. Cuando el Presidente estrechó la mano de la joven, fijó la mirada en sus profundos ojos verdes y en ese instante le invadió fuertes recuerdos de una joven asuncena, de su misma edad, con quien él había trabajado horas y días en su época de juventud. Muy abstraído, pasó la mano a la madre, y sin detener en ella la mirada, ésta le entregó un pequeño sobre. Él simulando naturalidad y premura guardó en el bolsillo de su traje.
      Al concluir el acto, un helicóptero escoltado fuertemente lo lleva presuroso de regreso al Palacio de Gobierno. Abrió el sobre y encontró un amarillento boleto del Hotel Park Plaza Estrellas de Santiago de Chile y una fecha anotada: “10 de julio de 1973”. Sintió un fuerte dolor en el pecho. Miró hacia abajo y vio un poblado con un centenar de luces que apenas titilaban.
 
 
X.
      En el restaurant “Los Laureles”, casi a medianoche finalizaba un elegante cóctel de los flamantes graduados y sus familias, Anita, radiante y bella, munida a la vez de una cándida dulzura, se acercó a Amalia y le dijo:
– Madre, llegó la hora. No regreso a casa sin desvelarme el secreto de nuestras vidas.
      Se fundieron en un fuerte y prolongado abrazo. Amalia solo deseaba el perdón de los cielos y la comprensión de su hija. Se secó unas lágrimas, le dio un beso y le dijo al oído:
– Eres la hija del Presidente.

FIN  (Genessis)